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«No me abandones, Señor» Una oración para los momentos de oscuridad

oscuridad

«No me abandones, Señor» ¿Cuántas veces habremos repetido esa frase? Los momentos de oscuridad y de prueba son imposibles de evitar. Son momentos duros y a veces tan intensos. La herida de nuestro pecado, la fragilidad de nuestra naturaleza hacen que esos caminos parezcan insoportables.

Y de pronto, lo son. Si los transitamos solos, se hacen infranqueables. Pero si recurrimos al Señor, incluso en esos momentos en que la tentación de la vergüenza nos gana, la historia definitivamente cambia.

No hay imposibles para Dios. No olvides nunca esto. Por más triste y difícil que sea el camino, por más solo que te sientas, por más dura que sea la prueba, recurre a Dios, pídele que no te abandone, a veces quien lo abandona somos nosotros. Pídele que Él permanezca a tu lado, siempre, a pensar de tus pensamientos.

Te dejamos esta hermosa oración que nace desde el corazón sincero que sufre, que necesita ayuda, la ayuda De Dios.

«No me abandones, Señor»

No me abandones Señor.

Cuando mi fe se agite como las olas de un mar enfurecido,

cuando aún sabiendo que eres misericordioso

y dueño del amor más grande,

me cueste creer, sentirte o escucharte.

No me abandones Señor,

cuando ante las criticas y

las miradas hirientes mi fe se acobarde

y se haga pequeña.

Cuando no encuentre el valor de defender tu nombre,

prefiera guardar silencio o desvíe la mirada.

No me abandones Señor,

cuando no logre sentirte en la Eucaristía o en la oración.

Cuando te de la espalda

y tu imagen clavado en la cruz no me conmueva.

Cuando el dolor de otros me tenga

sin cuidado o me haga amiga de la indiferencia

No me abandones Señor,

cuando pasen los días o los meses

y yo no te dedique ni un pensamiento.

Cuando me sienta cómoda entre el pecado

o me acostumbre a tenerte lejos.

No me abandones Señor,

en las noches en que me siento miserable.

En los días en que intento llamarte

y no consigo encontrarte.

Déjame saber que no te has ido.

No me abandones Señor,

cuando el canto de los pájaros

en la mañana no me recuerden tu bondad.

Cuando los rayos del sol calienten mi rostro y

yo no me acuerde de ti.

Cuando el agua calme mi sed y

yo no sea consciente de que Tú eres el verdadero manantial.

No me abandones Señor,

cuando mi alma se haga trizas

y la razón no me permita sentir tu presencia.

No me abandones nunca, porque sin ti, ¿qué sería de mi existencia?

Fuente: Catholic Link

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