in

Halloween y día de muertos ¿Más católico de lo que crees?

cristianismo

Luis Antonio Barrera

En los últimos años hemos notado una fuerte postura de los católicos en contra del Halloween, y si sabemos un poco de historia nos daremos cuenta de que esto es una locura. Y no nos malentiendan, sabemos que hay muchas cosas contrarias al cristianismo que se hacen en estas fechas, lo doloroso es ver que una fiesta completamente católica se haya convertido en una exaltación de lo oscuro y lo demoníaco; de la brujería, del miedo y de lo sanguinario.

Lo que hoy se ha popularizado como Halloween es una mezcla de diversas culturas que se fueron diluyendo con el pasar del tiempo, en Norteamérica cambió totalmente el sentido de la celebración. Similarmente podemos pensar que sucedió como con la Navidad: creer que el centro de ella es Santa Claus. Muchos dicen que el origen del Halloween está en cierta festividad pagana de los Celtas, es decir el Samhain, que se celebraba el 1 de noviembre, aquí se marcaba el fin del verano y el comienzo de la mitad oscura del año. La festividad cristiana del Día de Todos los Santos se hizo coincidir para despaganizarla, aunque sobrevivieron las costumbres celtas.

Es cierto que la Iglesia ha cristianizado algunas fiestas paganas para darles un nuevo sentido, pero este no es el caso. En principio, la Iglesia desde sus orígenes conmemoraba a los mártires que dieron su vida por Cristo. La fiesta de Todos los Santos se celebraba el 13 de mayo en la Iglesia Latina. Posteriormente Gregorio III (731-741) trasladó la fecha de mayo al primero de noviembre con la dedicación de la capilla de San Pedro para las reliquias «de los Santos Apóstoles y todos los santos, mártires y confesores, y de todos los justos». Pero era una fiesta sólo local de la diócesis de Roma. Cien años después, Gregorio IV (827-844) la declaró fiesta universal. Ninguno de los dos pontífices pensaba ni en el Samhain, ni en los druidas, ni en las calabazas. Se quería reconocer y dar el culto debido a «Todos los Santos», incluso los que no tenían fiesta propia.

Posteriormente en el año mil,  la fiesta de la Conmemoración de los Fieles Difuntos se estableció el 2 de noviembre por San Odilón, en el monasterio de Cluny. Evidentemente, tampoco pensaba en los celtas. Al tener dos solemnidades juntas, era necesario para la Iglesia complementarlo. Sabemos bien que las fiestas católicas empiezan con las vísperas, se encuentran en la liturgia de las horas y se celebran tras la puesta del sol, es decir, entre las 6 y las 7 de la noche. Por ello la Iglesia Católica celebraba la «víspera de todos los santos» (all hallow´s eve), al pasar el tiempo, por apócope, se comenzó a decir: Halloween.

Como ya adelantamos, esta fiesta coincide (sin quererlo) con algunas celebraciones paganas. Al pasar el tiempo se deformó totalmente la víspera de todos los santos y fue olvidada por los católicos, hasta el punto de ser repudiada.

¿Qué pasa con el día de Muertos?

La historia de Bronce en México ha dejado fuera a muchos aportes católicos en el país, con el día de muertos no es distinto. Se ha dicho al cansancio que el origen del día de muertos es de origen prehispánico, pero esto no es del todo cierto.  Como ya lo vimos, es de tradición católica conmemorar a los fieles difuntos y los santos.

¿Cuál es la verdadera historia? La aclaración corre a cargo de la historiadora y doctora Elsa Malvido, de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, quien inicia sus trabajos sobre Demografía histórica en los archivos parroquiales del periodo colonial en el Proyecto Cholula del INAH. Comienza diciendo que las fiestas de Todos los Santos y de Fieles Difuntos, contienen rituales que se inventaron en la Francia del siglo X por el, ya mencionado, Abad de Cluny, quien decidió rescatar la celebración en honor de los macabeos, familia de patriotas judíos reconocidos como mártires en el santoral católico.

Según esta tradición europea, el día de  Todos los Santos se disponía en el templo un inmenso altar en el que se exhibía el ara, es decir, las reliquias de personajes santos que cada iglesia poseía en sus altares, bien fuera huesos, cráneos u otros restos, la tierra donde fueron enterrados o una parte de la ropa que portaban.

Las reliquias y el relicario eran considerados intermediarios del hombre ante Dios, pues se podía negociar clemencia para que el cuerpo o el alma no fueran tan castigados. Precisamente por ello, en la fiesta de Todos Santos, los católicos recorrían la mayor cantidad posible de altares, iglesia por iglesia, para ganar indulgencias. Iban anotando cuántas reliquias visitaban para, al final, calcular los años de perdón obtenidos. Y antes de entrar al punto final, la Catedral Metropolitana , los feligreses compraban un pan o un dulce de azúcar con forma de reliquia, mismos que el cura bendecía y que finalmente colocaban en casa en una mesa junto con el santo familiar y frutas variadas. Ese es el origen del altar de muertos.

En cuanto a los múltiples niveles del altar, que se ha dicho que son de origen prehispánico también, tienen su origen en los tumultos o catafalcos funerarios que se utilizaban para simbolizar el ataúd del difunto en las misas exequiales hasta antes del Concilio Vaticano II. En la época colonial estos túmulos tomaban formas extravagantes y representaban las verdades postrimerías de la muerte, juicio, infierno y gloria.

¿Y las calaveras y el pan de muerto? Aquí encontramos cierto sincretismo, pues remite a las prácticas caníbales de los mexicas y el barbárico Tzompantli. Pero por el lado católico, sus orígenes se remontan a los panecillos de ánimas repartidos entre los niños europeos durante la época medieval para las fiestas de Todos Santos. Las calaveras tienen cierta herencia de las reliquias ya mencionadas pero también de la tendencia de “las vanidades” un tipo de arte sacro, popular durante la Edad Media, que ponía en escena cráneos y huesos humanos, recordando lo efímera que es la vida de los hombres y que debemos estar preparados para una muerte en santidad.

En opinión de la investigadora Elsa Malvido, quienes inventaron la leyenda de que esta celebración era prehispánica, fueron los intelectuales de los años 30 (con tendencias indigenistas), sin embargo, otros pensadores tenían mucho más claro este fenómeno como los escritores Ignacio Manuel Altamirano y Antonio García Cubas, por ejemplo.

Este artículo no pretende ser un motivo de escándalo, sino un recuerdo para los católicos. Pues nosotros no exaltamos la oscuridad, el miedo, lo demoníaco; es propio de los católicos conmemorar a los difuntos, viendo a la muerte como ese paso a la Gloria después de una vida en santidad. Estas fechas son de inmensa reflexión y nostalgia, pero sobre todo de oración por las ánimas benditas del purgatorio, en intercesión por los que ya gozan de la Gloria eterna y por nosotros mismos, para ser cada día más santos.

Fuentes:

Facebook Comments Box

¿QUÉ TE PARECIO ESTA NOTA?

351 points
Upvote Downvote
AMOR

EL BALBUCEO DEL AMOR

Sandra Sabattini

5 lecciones de sabiduría de Sandra Sabattini, la primera beata novia