Todo joven responsable, antes de casarse, antes de lanzarse a esta gran empresa, ha de hacerse este examen

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joven responsable

Voy a fundar un hogar.
Tendré́ que sustentar a mi esposa y a los hijos que vengan.
Tendré́ que contentarme con las alegrías propias de una familia sencilla y corriente.
Tendré́ que luchar contra mi egoísmo.
Tendré́ que renunciar a menudo a muchas cosas.

Tendré́ que comportarme a partir de ahora más responsablemente, pues de mí depende un hogar.
Dependerá́ de mi trabajo, de mi amor, de mi espíritu de sacrificio… el que sea feliz en el matrimonio.

La joven tendrá́ que decirse otro tanto.
¿Soy consciente de a lo que me comprometo?
¿Podré ser buena esposa, buena madre, buena ama de casa?
¿Estoy dispuesta a ser fiel, a sacrificarme, a trabajar lo que haga falta, a ser paciente, a tener miras elevadas y amor de Dios suficientes para cumplir este triple y difícil deber?
¿Es mayor mi amor que mi vanidad?
¿Es mayor mi amor a la familia que mis ganas de lucirme y de divertirme?
Será una empresa ardua, pero todos mis sacrificios serían compensados con creces por el amor de mi esposo y mis hijos.

Así́ que el noviazgo es el tiempo del serio examen de sí mismo…”

Fuente: Catoliqueando

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