Se cumplen 500 años de la primera epidemia que azotó a México

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La viruela llegó a México en 1520, sin embargo pasaron más de 200 años para que llegara un tratamiento. Foto: Especial

La efeméride de la viruela coincidió con la pandemia de coronavirus COVID-19, extendida por todo el mundo,

La viruela fue la primera epidemia que azotó a México hace 500 años, cuando desde Cuba partió una expedición para apresar a Hernán Cortés, en cuyo barco iba un esclavo infectado con este virus.

Para cumplir con las órdenes del gobernador de la Isla, Diego Velázquez, Pánfilo de Narváez zarpó con destino a México y, sin saberlo, también llevó consigo una de las enfermedades que más vidas cobrarían en la historia de México.

En esta expedición, cuyo destino final fue Veracruz, el esclavo enfermo de viruela se sumó a las tropas de Cortés haciendo contagios por todos los pueblos que pasaron, diezmando considerablemente a la población indígena. Esta es la primera gran plaga de la que se tiene registro en los códices precolombinos.

Arma biológica

Diversas fuentes históricas -como los textos de Bernardino de Sahagún, Francisco López de Gómara, Francisco Javier Clavijero y Miguel León-Portilla, así como el Códice Florentino- coinciden en que 1520 fue el año de la viruela en el México prehispánico.

Cortés derrotó a Pánfilo de Narváez en la batalla de Cempoala el 24 de mayo de 1520; no obstante que el enviado del Gobernador llevaba consigo mil hombres, muchos fueron contagiados y al igual que 50 caballos, pero al sumarse este esclavo infectado al grupo de Cortés, la enfermedad fue una verdadera arma biológica que terminó matando a miles de indígenas por todo el territorio de lo que hoy es México.

Sin embargo, Pánfilo de Narváez estuvo en Yucatán, de modo que allí comenzó a propagarse esta enfermedad y esto fue documentado por Fray Diego de Landa. Esta epidemia de viruela se prolongó hasta 1521, de acuerdo con algunos cronistas de aquellos años.

Bernal Díaz del Castillo platicaba: “fue la causa de que se pegase e hinchiese toda la tierra dellas. De la cual hubo gran mortandad”, entre las víctimas de esta epidemia estuvo el Tlatoani Cuitláhuac, hermano de Moctezuma, y años después, el tío de San Juan Diego, Juan Bernardino, en 1548.

Miguel León Portilla en “La visión de los vencidos”, señala que esta enfermedad era llamada “hueyzahuatl”. Foto: nuevatribuna.es

Pandemia que arrasó con pueblos enteros

Fray Bernardino de Sahagún decía: “las personas se cubrían de ronchas por todas partes y que no podían caminar solo yacían en sus lugares de descanso y lechos. No podían moverse; menearse; ni cambiar de posición ni yacer sobre un costado, boca abajo ni de espalda. Y si se movían gritaban mucho”.

De Tenochtitlán la enfermedad se extendió a otros pueblos del valle central; empezó por Cuatlán, Chalco, Texcoco y sus alrededores, Coatepec, Chimalhuacán, Tlaxcala y Puebla. El cronista Diego Muñoz Camargo escribió: “las quebradas y barrancos se atiborraban de cuerpos humanos”, y el Dr. Miguel León Portilla publicó en su Visión de los Vencidos que tras la llegada de los españoles hubo un primer presagio funesto, refiriéndose a las epidemias.

Los indígenas, que desconocían esta enfermedad y que no tenían defensas ni anticuerpos, le asignaron el nombre de hueyzahuatl; 11 años después de esta epidemia surgió un brote de sarampión, llamado tepitonzahuatl, y aunque la mortalidad fue menor, dejó estragos entre los indígenas.

El Códice Tellerano, de manufactura indígena señala: “Este año de siete conejos, y de 1538, murió mucha gente de viruelas”. Hay otros códices, como el Florentino, que también incluye algunas láminas relativas a estas y otras epidemias que se padecieron en el siglo XVI.

Por un caprichoso azar, esta efeméride coincide con la pandemia de coronavirus COVID-19 que se ha extendido por el mundo y que, como en los primeros años del virreinato, los frailes y religiosos se preocuparon por enfrentar y crearon los primeros hospitales de Nueva España, como ocurrió con Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, que fundó el hospital de Amor de Dios.

A la fecha, todas las diócesis del país han puesto en marcha sus programas de ayuda y acompañamiento espiritual a los enfermos, y a sus familias.

Fuente: Desde La Fe

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