¿Es positivo para los hijos contar con valores familiares?

0
124

En el entorno familiar, los hijos encuentran la base para crecer con solidez. Ven en los padres, en los abuelos y en los hermanos cómo es su comportamiento y qué motiva a cada uno. Y ven todos los elementos que los configuran como una unidad familiar, los valores que cohesionan.

Antes de que nos lo digan en modo teórico, todos hemos aprendido en casa cuáles son los valores por los que se rige nuestra familia. Recuerdo que mi padre, por ejemplo, no miraba las notas de conocimientos sino que siempre prestaba más atención a las de la actitud. Si alguna no era especialmente buena, me preguntaba qué había hecho yo en esa asignatura para que la profesora o profesor considerara que mi actitud no era suficientemente buena. Fue una manera patente de mostrarme que ser buena persona y trabajadora era tanto o más importante que sacar un Sobresaliente.

Los valores viven en el ambiente de nuestra familia como el oxígeno, sin que nadie los vea pero alimentándonos contínuamente. Es el sacrificio con que hemos visto a nuestros padres sacar adelante la economía familiar y es la paciencia con que se escucha al abuelo que repite cinco veces la misma historia.

Es la fortaleza con que nuestra madre ha buscado empleo uno y otro día, es la sonrisa con la que ha llegado después a casa u nos atiende a todos como si no estuviera preocupada.

Son los rostros de papá y mamá que contienen la lágrima cuando rezan por que su hijo enfermo salga adelante y, con fortaleza y amor, le hacen sonreír en la habitación del hospital.

¿Vive igual un niño con valores familiares o sin ellos? La respuesta es que en la infancia son importantes las raíces y la solidez para un crecimiento fuerte y sano, abierto a crecer en cada una de las virtudes.

Los niños más que nadie necesitan modelos para seguir, y no solo palabras sino hechos que sostengan cómo se aplica ese valor. ¿Cómo vive un niño la valentía? Como la ve vivir en sus padres o en sus hermanos mayores.

¿Cómo se hace estudioso? Imitando el horario y las pautas de laboriosidad de sus hermanos, y llevando a su terreno la laboriosidad de sus padres en la profesión que les corresponda.

Ser puntual, limpio, organizado, ordenado, alegre, servicial, prudente, deportista, ahorrador, generoso… Son virtudes que cada niño ve en su casa plasmadas al 100 por cien (quizá no tanto) en los suyos. Y algo de eso llevamos en la sangre (la biología pesa en el temperamento, cierto), pero mucho también se aprende en el ámbito doméstico.

Para los hijos, el mejor manual de buenas personas y buenos ciudadanos con que los podemos enviar a la aventura de la vida es el ejemplo de la familia. Y no es poco importante el papel de los abuelos a los que los niños ven solo dos horas cada tarde, por ejemplo: todo suma.

Lo más importante es que los hijos vean cómo se vive el amor en casa: ese es el “humus” donde crecen bien. Lo decía el Papa Francisco la semana pasada: que les vean cómo se besan (papá y mamá). La seguridad que da saberse querido, amado, independientemente de los dones que cada uno tenga, nos da autoestima y hace crecer felices a los niños.

Aleteia

No hay comentarios

Dejar respuesta