El Papa anuncia una reunión de jóvenes en vista del Sínodo de 2018

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Sínodo Jóvenes

«Tanto chicos católicos, como chicos de diferentes confesiones cristianas y otras religiones, o no creyentes». Durante la Audiencia general Francisco retoma a Juan XXIII: el cristiano no es profeta de desventuras

El Papa anunció que del 19 al 24 de marzo de 2018 se llevará a cabo, en vista del Sínodo de los obispos sobre los jóvenes de octubre de ese mismo año, una reunión «a la que están invitados jóvenes provenientes de diferentes partes del mundo: tanto jóvenes católicos, como jóvenes de diferentes confesiones cristianas y otras religiones, o no creyentes», porque, dijo durante la Audiencia general de este 4 de octubre de 2017 en la Plaza San Pedro, «la Iglesia quiere ponerse en escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe y también de las dudas y las críticas de los jóvenes». Francisco dijo durante la catequesis de hoy que el cristiano no es «quejumbroso» ni está «enojado», así como tampoco, citando a Juan XXIII, «un profeta de desventura».

«Deseo anunciar que del 19 al 24 de marzo de 2018 ha sido convocata por la Secretaría General del Sínodo de los Obispos una reunión pre-sinodal a la que están invitados jóvenes provenientes de diferentes partes del mundo: tanto jóvenes católicos, como jóvenes de diferentes confesiones cristianas y otras religiones, o no creyentes», dijo el Papa. «Esta iniciativa forma parte del camino de preparación de la próxima Asamblea General del Sínodo de los Obispos que tendrá como tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, en octubre de 2018. Con este camino, la Iglesia quiere ponerse en escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe y también de las dudas y las críticas de los jóvenes. Debemos escuchar a los jóvenes. Por ello, las conclusiones de la Reunión de marzo serán transmitidas a los Padres sinodales».

El Papa prosiguió con su ciclo de catequesis dedicado a la esperanza cristiana y hoy recordó que los cristianos están llamados a ser «misioneros de esperanza hoy»: «Estoy contento de hacerlo a principios del mes de octubre, que en la Iglesia está dedicado particularmente a la misión, ¡y también en la fiesta de San Francisco de Asís, que —recordó el Papa suscitando los aplausos de los fieles que estaban presentes en la Plaza San Pedro— fue un gran misionero de esperanza! De hecho —prosiguió— el cristiano no es un profeta de desventura».

Como se sabe, la expresión «profetas de desventura» fue utilizada por el Papa Juan XXIII cuando inauguró el Concilio Vaticano II, al referirse a las «voces de algunos que, a pesar de estar encendidos por celo por la religión, evalúan los hechos sin suficiente objetividad ni prudente juicio. EN las condiciones actuales de la sociedad humana ellos no son capaces de ver más que ruinas y problemas; van diciendo que nuestros tiempos, si se comparan con los siglos pasados, resultan completamente peores; y llegan incluso a comportarse como si no tuvieran nada que aprender de la historia, que es maestra de vida, y como si en los tiempos de los anteriores Concilios todo procediera felizmente en relación con la doctrina cristiana, con la moral, la justa libertad de la Iglesia. A nosotros nos parece —dijo Angelo Roncalli— deber disentir con resolución de estos profetas de desventura, que siempre anuncian lo peor, como si incumbiera el fin del mundo».

Según el Papa Francisco, «Jesús no quiere discípulos capaces de repetir solamente fórmulas aprendidas de memoria. Quiere testimonios: personas que propagan esperanza con su manera de acoger, de sonreír, de amar. Sobre todo de amar: porque la fuerza de la resurrección hace que los cristianos sean capaces de amar incluso cuando el amor parece haber perdido sus razones. Hay un “de más” que habita la existencia cristiana, y que no se explica simplemente con la fuerza de ánimo o con un mayor optimismo. Es como si los creyentes fueran personas con un “pedazo de cielo” más sobre la cabeza, acompañados por una presencia que algunos no logran ni siquiera intuir. Así, la tarea de los cristianos en este mundo es la de abrir espacios de salvación, como células de regeneración capaces de volver a dar linfa a lo que parecía perdido para siempre. Cuando el cielo está todo nublado, es una bendición quien sabe hablar del sol. Entonces, el verdadero cristiano es así: no quejumbroso ni enojado, sino convencido, por la fuerza de la resurrección, de que ningún mal es infinito, ninguna noche es sin fin, ningún hombre está definitivamente equivocado, ningún odio es invencible por el amor».

Claro, prosiguió Francisco, «a veces los discípulos pagan caro esta esperanza que les ha donado Jesús. Pensemos en todos los cristianos que han abandonado su pueblo, cuando ha llegado el tiempo de la persecución. Se han quedado allí, en donde era incierto incluso el mañana, en donde no podían hacer proyectos de ningún tipo, se quedaron con esperanza en Dios. Y pensemos —añadió Jorge Mario Bergoglio— en nuestros hermanos y nuestras hermanas del Medio Oriente, que dan testimonio de esperanza y que ofrecen también la vida por este testimonio: estos son verdaderos cristianos, llevan el cielo en el corazón, ven más allá, siempre más allá. Quien ha tenido la gracia de abrazar la resurrección de Jesús todavía puede esperar lo inesperado. Los mártires de cada tiempo, con su fidelidad a Cristo, relatan que la injusticia no es la última palabra en la vida».

Al final de la Audiencia, el Papa saludó, entre otros, a la delegación que vino de El Cairo, guiada por el ministro egipcio del Turismo, Yahya Rashid, «para la bendición de un cono que describe la huida a Egipto de la Sagrada Familia, para escapar de la opresión y de la injusticia del rey Herodes. Recuerdo con afecto mi Visita Apostólica a su tierra buena y a su pueblo generoso; tierra en la que vivieron san José, la Virgen María, el Niño Jesús y muchos otros profetas; tierra bendita a lo largo de los siglos por la preciosa sangre de los mártires y de los justos; tierra de convivencia y de hospitalidad; tierra de encuentro, de historia y civilización. ¡Que el Señor los bendiga a todos ustedes y proteja a su país, al Medio Oriente y al mundo entero de todo mal y de cualquier terrorismo y del maligno!». Que el ejemplo de San Francisco de Asís, dijo el Papa al final a los peregrinos italianos, «refuerce en cada uno de ustedes, queridos jóvenes, la atención por la Creación; que los sostenga a ustedes, queridos enfermos, aliviando su fatiga cotidiana; y que les sea de ayuda a ustedes, queridos recién casados, en la construcción de su familia sobre el amor caritativo».

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