Editorial por Ingrid Tapia : ¡No tienen vergüenza…. ni madre!

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Por : Ingrid Tapia

Son pasadas las dos de la mañana. Escribo esta nota, justamente, porque esta es la hora en la que termina la carga del Despacho.

 

Es una hora común para muchas madres de familia que, a diferencia de quienes usan (sin merecerlo) una toga y un birrete, trabajan más de 16 horas al día para llevar a sus hijos pequeños lo necesario para vivir y ganan menos de 375 mil pesos al mes (más faraónicas prestaciones).

 

Por : Ingrid Tapia

Son pasadas las dos de la mañana. Escribo esta nota, justamente, porque esta es la hora en la que termina la carga del Despacho.

Es una hora común para muchas madres de familia que, a diferencia de quienes usan (sin merecerlo) una toga y un birrete, trabajan más de 16 horas al día para llevar a sus hijos pequeños lo necesario para vivir y ganan menos de 375 mil pesos al mes (más faraónicas prestaciones).

 

Apenas me entero que  por fin ha salido en los medios que los señores Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, (que conste que uso el plural), no dan a sus propios hijos e hijas lo necesario para su subsistencia y que incluso el ex PRESIDENTE se ha venido entreteniendo en mandar a la cárcel a la madre de sus hijos, porque se atrevió a poner una casa a su nombre y no a la de los niños que están afectados en su salud de forma grave.

 

Obvio, tales cosas no pudieron haber pasado sin la colaboración de los jueces menores (literalmente muy menores) que apabullados por la negrura de la vestimenta de los señores ministros, decidieron obrar en contra de los niños y de sus madres.  Hay unos incluso que mandaban el expediente a firmar a la Corte para que el señor ministro no se molestara en asistir a las audiencias del juzgado.

 

A lo visto, no les ha bastado la interminable lista de fallos aberrantes entre los que destacan los de la guardería ABC, Lydia Cacho, el de la francesa (que después de seis años no es inocente ni culpable), los expropiados de Iztapalapa…. y cientos más. 

 

No les ha sido suficiente ser la Suprema Corte con mayor rezago DEL MUNDO y, mucho menos, la segunda más costosa de todo el planeta.

 

Tampoco les ha bastado su errática conducta sexual, reiterada y sistemática, que incluye gestionar cargos judiciales y académicos para las amantes en turno.

 

Tampoco les fue suficiente tener empleados que revelaban la identidad de testigos protegidos por la módica cantidad de 480 millones de pesos.

 

Crueles y absolutamente extraviados, ajenos de plano a lo que significa la probidad, incendian mi noche, sumando a su lista de damnificados… ¡A sus propios hijos!

 

Ninguna persona, medianamente cuerda o sana, requiere que ningún tribunal  le recuerde que “sus” hijos son “suyos”, ni que le precisen qué necesitan para vivir cuando son pequeños. Tampoco necesitan que se les explique que sus niños pequeños, hijos de un padre que no vive con ellos, requieren de su madre ¡Menos cuando están afectados en su salud!

 

Las personas decentes, sin importar el grado académico ni el estrato económico, dan a sus pequeños lo más que pueden; y además lo hacen con genuina alegría.  Sintiéndose bendecidos de poder pagar las necesidades y los anhelos de aquellos a quienes aman.

 

En este país en el que “donde aprietas sale pus”, aún en un país como este, los Ministros de la Corte  han rebasado todos los laxos límites de lo permisible. 

 

Como muchos, sólo tengo un Facebook y una modesta cuenta de Twitter para dolerme, (porque es claro que no hay un tribunal que nos ampare y proteja contra los ministros).  En nombre de todos los niños que requieren de alimentos y de todas las madres y padres honrados, te pido que uses de tus cuentas para dejar tu testimonio.

 

Cuando somos niños, nuestras madres, todas las madres, son el edificio que habitamos. La bóveda suspendida sobre nuestra arquitectura.

Nuestros niños, especialmente los que sufren de alguna afección, merecen ser tratados con profunda ternura y respeto. Con genuina solidaridad.

Ningún hombre que deshonra a la madre de sus hijos o que les agravia dejándoles sin madre, merece ser padre ¡mucho menos juez de asuntos de menores!

 

Exijo otra Corte, porque merezco otra Corte.

 

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