Miss Mundo 2018: “Dejemos de ignorar lo que nos duele”

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Vanessa Ponce de León hizo historia el 8 de diciembre de 2018, cuando se convirtió en la primera mexicana en coronarse como Miss Mundo en el certamen celebrado en la ciudad de Sanya, en China, sin embargo, la fecha que marcó su trayectoria ocurrió unos años atrás.

“En un momento de mi vida estuve muy perdida. No sabía en qué creía, ni qué iba a hacer. No estaba feliz, y al parecer lo tenía todo, porque acababa de ganar un reality, era modelo y me la podía pasar de fiesta si quería, pero nada era suficiente, y a mí lo que me cambió fue una conversación que tuve con Dios”, dice.

Vanessa ganó en 2014 el reality show de modelaje Mexico’s Next Top Model, tenía en ese entonces 22 años, y un futuro prometedor por delante, pero en el plano espiritual sentía que algo le faltaba.

“Le pedí a Dios que me pusiera un camino donde me sintiera útil, donde pudiera generar un cambio y ser feliz; le pedí ser un instrumento de lo que Él quería que yo hiciera, porque tampoco sabía yo qué estaba buscando”.

La respuesta llegó un par de semanas después. Acudió a un llamado para hacer un comercial a un albergue de migrantes, y ahí descubrió que su propósito sería trabajar en apoyo a otras personas.

A partir de ahí, Vanessa ha impulsado diversas causas sociales, pero particularmente se ha desempeñado en dos:

Por un lado trabaja en un centro de rehabilitación para mujeres, guiado por la orden del Sagrado Corazón de Jesús.

“Aquí he visto como llegan las niñas y están rotas, porque están muy metidas en las drogas, e incluso algunas en la prostitución, y no encuentran manera de salir. Están cuatro meses en el centro de rehabilitación, cerca de Dios, y cuando salen son otras personas totalmente”, asegura.

Además encabeza el proyecto de ayuda, Na’ Valí, a través del cual brinda educación, salud y nutrición a hijos de familias de jornaleros indígenas.

Este fue el proyecto que utilizó para el certamen de Miss Mundo, que es un concurso de “belleza con propósito”, en el que las participantes deben impulsar alguna causa que impacte a la sociedad.

“Estoy aquí para ayudar”

Vanessa es devota de la Guadalupana desde muy pequeña. Su primer acercamiento fue cuando era niña y su hermano estuvo gravemente enfermo de meningitis a los pocos días de nacido.

“Mi hermano se nos iba. Recuerdo ver a mi mamá regresar llorando del hospital y a mi papá sin dormir. Yo me ponía con mi mamá a rezar. Ella le rezaba a un muro porque no tenía ninguna imagen, pero nos dijo que la Virgen se le había aparecido en ese muro. Al otro día mi hermano se salvó y lo dieron de alta. Sin la Virgen de Guadalupe no tendría a mi hermano y él es lo más importante de mi vida”, dice.

Esta cercanía con la Guadalupana ha sido uno de sus motores para impulsar uno de sus ideales: hacer todo lo que esté a su alcance para eliminar el sufrimiento de las personas.

“Sé que soy un instrumento de lo que ella y Dios quieren que haga. Estoy aquí para ayudar a otros”.

A sus 26 años, Vanessa asegura que ayudar no es difícil, y no depende de la situación económica, la edad o el tiempo disponible, por lo que las personas no lo deben sentir como algo imposible de hacer, ni lejano.

Como Miss Mundo, la joven mexicana viajará a diversos países para promover las causas benéficas y la atención a personas con carencias.

A través de Desde la fe, la activista y modelo hace un llamado a la sociedad para participar en el voluntariado y no hacer caso omiso a las necesidades de otras personas.

“No ignoren. Dejemos de ignorar las cosas que nos duelen, porque es muy fácil ignorar la pobreza, es muy fácil ignorar la enfermedad, es fácil ignorar porque no nos gusta. Sentimos repulsión a ello, pero eso no lo va a desparecer, la única manera de que todos seamos mejores y felices es animándonos unos a otros a salir de esta situación”.

Desdelafe

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