Editorial: La Iglesia Católica ¿Es homofóbica?

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Por Ana Elena Barroso

Mucho se ha hablado en los medios de comunicación y en las redes sociales sobre la postura homofóbica de la Iglesia Católica y su intransigencia en temas de diversidad sexual; acusándola públicamente de discriminar a aquellos que son homosexuales. Pero me pregunto: ¿Es homofóbica una institución que predica y enseña el amor como estilo de vida?

 

 

Por Ana Elena Barroso

Mucho se ha hablado en los medios de comunicación y en las redes sociales sobre la postura homofóbica de la Iglesia Católica y su intransigencia en temas de diversidad sexual; acusándola públicamente de discriminar a aquellos que son homosexuales. Pero me pregunto: ¿Es homofóbica una institución que predica y enseña el amor como estilo de vida? La única manera de averiguarlo es investigar en sus bases y mandatos para corroborar esta teoría que se ha vuelto el juicio automático de muchas personas.

 

 

Buscando entre las páginas y estipulaciones numeradas del Catecismo de la Iglesia Católica, se encuentran varias referencias interesantes a este tema:

(n. 2357) Define la homosexualidad como la “relación entre hombres o entre mujeres que experimentan una atracción sexual exclusiva o predominante hacia personas del mismo sexo.” Y  agrega que no es nada novedoso, ya que la homosexualidad ha tomado diferentes formas  a lo largo de los siglos y culturas. Además especifica que su raíz psicológica se mantiene sin una explicación clara, indicando que nunca ha tomado postura sobre el continuo debate sobre si la inclinación homosexual de algunas personas es por naturaleza o por desarrollo social.

Este compendio de principios, expresa que la Iglesia no niega la prevalencia de la inclinación homosexual: “el numero de hombres y mujeres que tienen una honda tendencia homosexual no es  pequeña”.  ( n 2358)

Este numeral del Catecismo no solo menciona el asunto, sino dedica varios párrafos que expresan una clara oposición a la homofobia, usando un lenguaje fuerte y claro acerca de la importancia de acoger a los homosexuales con: “respeto, compasión y delicadeza” y que “cualquier señal de discriminación injusta debe ser evitado”.

La claridad de la enseñanza es notoria: la Iglesia hace una distinción muy clara entre pecado, pecador y aún crimen: marca la inmoralidad del “acto homosexual”, pero  se muestra a favor de la “discriminalización” de las personas homosexuales en aquellos países y culturas donde serlo es delito punible hasta con la pena de muerte.

Para los católicos, la dignidad de cualquier persona es lo más importante, sobre todo de aquellos que sufren marginación o discriminación, pero defiende el carácter singular y exclusivo de que el matrimonio entre hombre y mujer tiene, sin excluir la existencia de uniones de convivencia, necesitan un marco legal.

 

La Iglesia pide a los homosexuales lo mismo que pide a todos los miembros de la comunidad humana: una vida de castidad, dentro de su estado especifico de vida, para elevar el cariño humano expresado en la sexualidad a un plano de entrega y amor desinteresado y prolífico.

 

 

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