Guadalupe gana el corazón de millones de personas

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Virgen de Guadalupe

Así se ha vivido la peregrinación a la Basílica de Guadalupe

Los teóricos del fin de la fe católica –que son legión en el mundo—llegado el 12 de diciembre de cada año, fruncen el ceño: algo pasa en México, en Estados Unidos, en Centroamérica, El Caribe y muchos otros rincones de la Tierra. Una devoción se desborda: la devoción a “la morenita del Tepeyac”.

Como centro neurálgico de esta auténtica peregrinación masiva, está la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, situada al noreste de la Ciudad de México. Entre el día 9 y hoy 12 de diciembre, las autoridades calculan ocho y medio millones de peregrinos que traen consigo toda la intención no de pedir, sino de agradecer.

Tocar a la Madre del verdaderísimo Dios

Tan solo la noche de ayer y la madrugada de hoy, se hicieron presentes en la Basílica cuatro y medio millones de mexicanos, estadounidenses, salvadoreños, guatemaltecos y quién sabe cuántas otras nacionalidades, para expresar su gratitud por aquella que le dijo a San Juan Diego, durante una de sus apariciones, que no tuviera miedo sobre la enfermedad de su tío Juan Bernardino: “¿Qué no estoy yo aquí que soy tu madre?”.

El mismo sentimiento de pequeñez y de maternidad es el que asalta a los peregrinos. Ayer y hoy se han roto todos los récords de asistencia: cinco por ciento más personas que en 2016 y, seguramente, cinco por ciento menos que peregrinarán hasta la Basílica de Guadalupe el próximo 2018. La Conferencia del Episcopado Mexicano trabaja en un proyecto de cara al V Centenario de las apariciones en 2031. Toda su pastoral será, por decirlo así, generada bajo el signo del Acontecimiento Guadalupano.

Una Virgencita universal

Pero Guadalupe ha dejado de ser “patrimonio” de los mexicanos; se ha universalizado. San Juan Pablo II, en enero de 1979, durante su primer viaje apostólico (de los 104 que realizó a todos los rincones del planeta) vino a postrarse a los pies de su amada “morenita”. A ella encomendó su pontificado y al mundo entero, especialmente al Nuevo Continente, a aquél que ella misma había forjado con su aparición y su legado inmortal en la tilma de San Juan Diego.

“Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas”, rezó el Papa viajero en aquella ocasión, momentos antes de inaugurar la III reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), celebrada en Puebla de los Ángeles.

Y, como si estuviera en lo alto de la cruz que corona la nueva Basílica de Guadalupe, le decía a la Virgen, en tono coloquial y a la vez, perentorio: “Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Y, esperanzado, le pedía a Guadalupe: “Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza con el mismo amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios. Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para que estén muy unidas, y bendice a la educación de nuestros hijos”.

Todos con ella

La madrugada de hoy, artistas, conductores de televisión, cantantes, turistas, pueblo fiel, se dieron cita en la explanada mariana para cantarle a la Virgen “Las Mañanitas”, la popular canción que en México se entona en la mañana muy temprano a la persona que cumple años. Y ese mismo gesto se repitió en todas las parroquias dedicadas a Guadalupe o en todos los templos que tienen en su interior una imagen de la Emperatriz de las Américas.

En la Basílica, cientos de miles fueron a dar gracias a la Virgen por los favores recibidos. Los testimonios de fe incluyen un sincretismo religioso alucinante. La paga de “mandas” por ejemplo. Una mujer entrada en años se acerca penosamente, de rodillas, a la Basílica, en medio de la multitud que caldea un poco el ambiente gélido de este 12 de diciembre bajo cero en la Ciudad de México. Viene del vecino Estado de Hidalgo, ya ensangrentada, a dar gracias a la virgencita por haber curado a su hija de leucemia.

Con una jaculatoria en los labios: “Santa María de Guadalupe, Reina de México, ruega por tu nación”.

Mediadora de amor

Desde luego, los hombres de “ciencia” y los escépticos se encogen de hombros. “Se curó solita”, dirán. O por los medicamentos del Seguro Popular. Nadie ni nada convencerá al pueblo fiel de México que fue la Virgen. Y que ella está aquí como mediadora de amor, para acunarlos en sus brazos, para hacer de sus pequeños, como hizo con San Juan Diego, queridísimos suyos, sus hijos de verdad.

La madrugada de hoy hubo un componente especial: miles le pidieron fuerza a Guadalupe, con el puño en alto, para hacer frente a las consecuencias que tuvieron en el país los terremotos del pasado mes de septiembre. En el atrio de la Basílica se volvió a repetir el puño en alto que dio la vuelta al mundo como símbolo del eslogan popular que nació de entre las ruinas y el desastre: “¡Fuerza México!” Hoy se vieron muchos más jóvenes que en otros años. Muchos de ellos caminando de las 11 de la noche, desde el Auditorio Nacional, hasta la Basílica de Guadalupe en Ciudad de México: 12 o 13 kilómetros de aglomeraciones, frío y esperanza.

Esperanza en un país con 40,000 “desaparecidos”, con el nivel más alto de homicidios dolosos de su historia en el pasado mes de octubre; con 60 millones de pobres y con una amenaza constante por su principal socio comercial situado al norte del Río Bravo. Esperanza que solamente puede darle a los mexicanos –y con ellos a todo el Continente—la Emperatriz de las tres Américas y del Caribe.

Y una canción como estribillo que hoy se canta en cada pedazo de México: “Desde el cielo una hermosa mañana, la Guadalupana, la Guadalupano, la Guadalupana bajó al Tepeyac”

Aleteia

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