El “triunfo” de Satanás

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Por si algunos no lo saben y otros no se han detenido a reflexionarlo, vale la pena recordar que en este 2013 se cumplen 40 años de una película que hizo historia: “El exorcista”

Una película que en su día causó tal impacto en los Estados Unidos que fueron miles quienes, después de verla, se convirtieron al catolicismo.

 

 

 

Por si algunos no lo saben y otros no se han detenido a reflexionarlo, vale la pena recordar que en este 2013 se cumplen 40 años de una película que hizo historia: “El exorcista”

Una película que en su día causó tal impacto en los Estados Unidos que fueron miles quienes, después de verla, se convirtieron al catolicismo.

 

Una película que aún hoy -a pesar de haber pasado tantos años- continúa siendo tema de conversación ya que, con justa razón, es considerada como parte de los clásicos de todos los tiempos.

Será bueno empezar por el principio

Fue en el año 1949 cuando, precisamente en una importante ciudad de Estados Unidos, el sacerdote jesuita Walter Halloran participó en el exorcismo del niño Robby Mannheim, quien fue poseído por el demonio por andar jugando con la “ouija”.

Dicha posesión diabólica fue publicada semanas mas tarde en la revista “The Catholic Review”.

Pasó el tiempo y un ejemplar de dicha revista cayó en manos del escritor William Peter Blatty quien pensó que era un magnífico material para una novela.

Fue así como escribió la novela “El exorcista” que tuvo tal éxito que fue llevada al cine en 1973. En México se estrenó dos años más tarde.

¿Por qué razón “El exorcista” ha tenido tanto éxito? ¿por qué aún en nuestros días quien lee la novela o ve la película siente que un escalofrío recorre todo su cuerpo?

Consideramos que la mejor respuesta a dichas cuestiones la damos al responder a la siguiente pregunta: ¿existe el demonio?

Pregunta capital ya que si se piensa que el demonio es una fantasía medieval “El exorcista” acabaría siendo una simple novela del género de terror en la que sus protagonistas son momias, vampiros u hombres lobo.

En cambio si se afirma que el demonio existe, que es un ángel caído y que, por haber perdido el cielo se llenó de tal envidia que trabaja noche y día por lograr nuestra eterna perdición (sí esto afirmamos), entonces la cosa cambia.

“El exorcista” le vino recordando a la sociedad materialista, agnóstica y hedonista de la segunda mitad del siglo XX que el demonio es algo real que está continuamente al acecho, esperando que tengamos un descuido fatal que le permita devorarnos del mismo modo que una fiera lo hace con su presa.

Una fuerte sacudida de conciencias le dio “El exorcista” a lectores, cinéfilos y televidentes.

“El exorcista” les recordó que el demonio estaba ahí, que nunca se había ido, que no piensa irse y que, como acertadamente dijera el poeta Baudelaire “el mayor triunfo de Satanás consiste en hacernos creer que no existe”.

Así pues, nada de fantasías medievales. Nada de cuentos de abuelitas que mencionaban al diablo para que los nietecitos se fuesen temprano a dormir. Nada de pensar que al mencionar al demonio lo que en realidad queremos es referirnos al mal que existe en el mundo como pudieran serlo las hambrunas, los terremotos, los crímenes o las inundaciones.

Poco antes de que se estrenara “El exorcista”, el Papa Pablo VI recordaba la doctrina tradicional de la Iglesia al decir, en junio de 1972, que “el humo de Satanás se había infiltrado en el seno de la Iglesia frustrando los frutos del Concilio”.

La novela de William Peter Blatty no hizo más que reafirmar lo dicho por Pablo VI.

Una doctrina en la que han insistido tanto el beato Juan Pablo II como el actual Papa Francisco.

Se cumplen cuatro décadas del estreno de una película que hizo estremecer a quienes la vieron no porque tratase de terrores imaginarios sino porque dio la voz de alarma advirtiéndonos de un enemigo que existe y que nos acecha.

Algo así como provocarle miedo a los pacíficos habitantes de una aldea a quienes se les avisa que un lobo anda merodeando por los alrededores.

Y ya para concluir: el Padre Walter Halloran, protagonista del exorcismo que inspiró al autor de la novela, murió en Wisconsin (Estados Unidos) el 1 de marzo de 2005.

 

ESCRITO POR NEMESIO RODRÍGUEZ LOIS 

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