Naturaleza racional y persona: ¿existen vidas humanas más valiosas que otras?

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Resulta confuso que mientras los pro vida establecen como fecha de origen del ser humano/persona indubitadamente el día uno, los pro aborto tienen un amplio rango, incluso sin consenso biológico. Los acuerdos se complican aún más al definir cuándo están frente a una “persona”. Algunos pro elecciónseñalan que podemos decir que estamos en presencia de una persona mediante la constatación de las primeras ondas cerebrales; otros cuando el cerebro ha adquirido un cierto desarrollo, etc. Esta diferencia entre unos y otros nos permite dilucidar cuan parcial resulta para ellos algo tan significativo.

 

Resulta confuso que mientras los pro vida establecen como fecha de origen del ser humano/persona indubitadamente el día uno, los pro aborto tienen un amplio rango, incluso sin consenso biológico. Los acuerdos se complican aún más al definir cuándo están frente a una “persona”. Algunos pro elecciónseñalan que podemos decir que estamos en presencia de una persona mediante la constatación de las primeras ondas cerebrales; otros cuando el cerebro ha adquirido un cierto desarrollo, etc. Esta diferencia entre unos y otros nos permite dilucidar cuan parcial resulta para ellos algo tan significativo.

Por otro lado, escuchamos a muchos pro vida hablar de los derechos del ser humano sin señalar de qué derechos estamos hablando, generalizando los derechos individuales que surgirían a partir del día uno. Sin embargo, esto no es razonable, pues existen derechos donde se exige una responsabilidad y conciencia, como es el de la libertad. No podemos pedir a un niño de tres años que tenga el mismo sentido consciente de su libertad que un adulto y es, en ese caso, comprensible la tutela ejercida por sus padres o un tercero responsable. De ello se deduce que la libertad se adquiere —o al menos se ejerce— de modo progresivo. Por tanto, un embrión unicelular no puede tener todos los derechos individuales que se consignan de manera efectiva. Sin embargo, el hecho de pertenecer a la especie humana y compartir con ella su naturaleza racional, lo hace ser titular del mayor derecho de todos: el derecho a la vida, autentico derecho.

Éste es un derecho negativo, es decir, no permite coacción ni intervención de terceros en su ejercicio. Ningún individuo de la especie humana puede ser privado de la vida por parte de otro. Ninguno.

El ser humano en gestación posee naturaleza racional desde el primer día. Esta se va desarrollando con el tiempo, sin embargo, su capacidad es constante a partir del cigoto unicelular, en su desarrollo como embrión, al ser niño, adulto y en la tercera edad. No hay nada en el desarrollo de la vida humana que la haga pasar de una naturaleza a otra. Por tanto, postular que la titularidad del derecho a la vida depende de la contingencia, de la evolución, resulta absurdo.

“El ser humano en gestación posee naturaleza racional desde el primer día (…) no hay nada en su desarrollo que lo haga pasar de una naturaleza a otra. Por tanto, postular que la titularidad del derecho a la vida depende de la contingencia, de la evolución, resulta absurdo” — Andrea Balbontín.

Según un amplio sector pro aborto, el derecho a la vida comienza cuando el ser humano tiene capacidad racional en acto, es decir, desde que tiene la posibilidad intelectiva de elegir, de pensar. Conforme a ello, el embrión, el feto, no tienen derecho a la vida y pueden ser abortados.Sin embargo, siguiendo esta lógica, los recién nacidos, los niños, las personas con capacidades diferentes, los comatosos, los drogadictos, tampoco tendrían este derecho fundamental, a menos que cambiemos arbitrariamente el argumento. Tomando esta premisa, ¿podríamos aplicar eutanasia a las personas con discapacidades mentales?, ¿es aceptable el infanticidio? o ¿es posible usar a las personas en estado vegetativo para experimentos científicos? En definitiva, ¿existen vidas humanas más valiosas que otras?

En palabras del  filósofo consecuencialista Peter Singer: “Si el feto no tiene el mismo derecho a la vida que una persona, parece que un bebé recién nacido es de menor valor que la vida de un cerdo, un perro, o un chimpancé”.

De este modo, resulta ilógico el argumento formal por sobre el sustancial. No distinguen entre capacidad y naturaleza. Es evidente que la capacidad racional es nula en el nasciturus, aun  cuando se haya formado, en la octava semana de gestación el cerebro o sistema nervioso. Sin embargo, la naturaleza racional siempre ha estado y es plena. No es menor considerar, además, que el cerebro se triplica entre el nacimiento y los 16 años de edad.

En síntesis, la racionalidad que es lo que nos permite elegir de modo consciente, nos diferencia de otras especies y nos hacer acreedores de derechos. Esta racionalidad surge desde la fecundación, es decir, desde el día uno la naturaleza racional existe y se encuentra en potencia. La capacidad de pensar se va desarrollando, es una propiedad sustancial que siempre estuvo y está presente. Por lo tanto el derecho a la vida no puede estar condicionado a una variable en desarrollo. De lo contrario situamos a muchos grupos de individuos en el estado de indefensión frente a la vulneración de este derecho humano fundamental e inalienable. Y no, no existen unidas humanas más valiosas que otras.

ANDREA BALBONTÍN

Investigadora y activista pro vida independiente.

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