EL SMARTPHONE QUE ERA UNA TAZA DE CAFÉ

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Pocas frases me han marcado tanto como aquellas de Dostoievski que dicen: “Si Dios no existe, todo está permitido”. Esta breve sentencia me ha llevado a analizar mi propia vida, la de los demás y a la sociedad misma bajo esta óptica.

Pocas frases me han marcado tanto como aquellas de Dostoievski que dicen: “Si Dios no existe, todo está permitido”. Esta breve sentencia me ha llevado a analizar mi propia vida, la de los demás y a la sociedad misma bajo esta óptica.

He llegado a la conclusión de que en nuestra sociedad, hoy vivimos como si Dios existiera y por lo tanto, nos permitimos todo. Hemos hecho realidad aquello que decían los griegos de que “el hombre es la medida de todas las cosas”, queriendo significar esto, que es el propio ser humano quien decide qué está bien y qué está mal. Hoy vivimos la moral de los consensos. Si la mayoría dice que casarse está bien, eso es bueno; si la mayoría dice que el aborto está bien, entonces arrancar de raíz la vida de un inocente debería ser aceptado por todos.

A esto es a lo que Benedicto XVI llamaba la “dictadura del relativismo”, a una cultura sin verdades objetivas.

Imagínate que  tú y yo estamos sentados hablando sobre estos temas y entre tú y yo hay una mesa y en la mesa un Smartphone, ¿qué pensarías de mí si te digo que para mí eso es una taza de café? Seguramente me dirías que ese equipo sirve para hacer llamadas, para enviar y recibir mensajes y para muchas otras actividades que hoy se pueden hacer con ellos y por lo tanto la conclusión lógica es que es un Smartphone y tienes toda la razón.

¿Qué pensarías de mí si te digo que esa es tu opinión, pero que la mía es que es una taza de café; y que tu opinión vale tanto como la mía y que si no la respetas estás en contra de mis derechos?

No soy ningún adivino y sin embargo estoy seguro que dudarías de mi cordura y en el peor de los casos me llenarías de café mi Smartphone y me invitarías a que me lo tomara.

La verdad objetiva no depende de tu opinión o de la mía, depende de las cosas en sí mismas. Por mucho que yo opine que es una taza de café, eso no cambia el hecho de que sea realmente un Smartphone.

Apliquemos esto a la naturaleza humana, que aunque es más compleja, se rige con la misma lógica que el ejemplo que te puse, pongamos el ejemplo del aborto, reducido a su esencia es eliminar una vida inocente el vientre de su madre; le podemos llamar como quieras, taza de café, Smartphone, interrupción legal del embarazo y llamándole por su nombre, me pregunto ¿Quién tiene derecho para matar un inocente?, ¿Quién te puede dar el derecho de matar un inocente?

El Estado no es quien para definir cuáles son los derechos humanos, únicamente tiene el deber de tutelar aquellos derechos humanos inalienables que nos son dados, como el Smartphone le es propio el poder hacer y recibir llamadas o mensajes.

 

Editorial: Hazte Sentir

 

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