La ‘ecuación áurea’: los matrimonios estables con hijos consiguen un mayor bienestar que otros tipos de convivencia

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Matrimonio estable

Los adultos casados que conforman “un matrimonio estable y los hijos menores de edad que viven con sus dos padres biológicos tienen un bienestar muy superior al de otros tipos de emparejamientos”.

Esta es la conclusión de un estudio elaborado por el Instituto de Estudios del Capital Social (INCAS) de la Universidad Abat Oliba CEU.

El estudio ‘La ecuación áurea: Una verificación empírica de la función económica de la familia’ subraya que el factor clave para que los matrimonios estables con hijos logren un mayor bienestar en una relación del 84,7% contra el 2,1% que no lo consiguen es que en este tipo de convivencia se crea “un vínculo especial de solidaridad donde las personas comprometen mutuamente aspectos importantes de su vida, compromiso”.

Además, los hijos que viven con sus dos padres biológicos en una familia de estas características también alcanzan un mayor bienestar en una proporción que se sitúa en el 86% contra un porcentaje del 0,3% que no lo consigue. En su conjunto, es lo que el INCAS denomina como “la ecuación áurea” del matrimonio estable con hijos.

La ecuación áurea, a su vez, además de contemplar el matrimonio estable, viene determinada por la descendencia, la capacidad educadora de los padres, el capital social y el sentido dinástico, tal como detalla en sus conclusiones el Instituto de Estudios del Capital Social.

Una generosa y fiable muestra 

¿Cómo llega el INCAS a estas conclusiones? La fuente de información que le permite concluir las bonanzas de la ecuación áurea del matrimonio estable con hijos es un extenso informe realizado por el doctor en Ciencias Sociales Fernando Pliego Carrasco, de El Colegio de Méjico, y publicado en 2012 con el título ‘Familias y bienestar en sociedades democráticas’.

Este informe trata de “determinar si los adultos casados que viven con sus hijos tienen mejores niveles de bienestar que otros tipos de convivencia”, lo cual exige establecer si existe una relación estadística significativa entre los indicadores de bienestar y aquel tipo de familia, recuerda el estudio del INCAS.

Para ello, el doctor Pliego analiza 351 publicaciones que contienen a su vez 3.318 registros de datos que afectan a 13 países de los que cuatro son europeos: España, Gran Bretaña, Holanda y Noruega. Contempla también Estados Unidos, Canadá y Méjico; tres países de América Latina, Chile, Perú y Colombia; además de Australia y Japón. Una tercera parte de los estudios hacen referencia a Estados Unidos, que es sin duda el lugar del mundo donde mayor atención se dedica a este tipo de indagaciones sociales.

De esta manera, se puede asegurar sin ninguna duda que las muestras utilizadas desde 1995 hasta 2010 para elaborar ese informe, lo que permite al autor presentar los resultados en términos de evolución, son lo suficientemente generosas como para garantizar unas conclusiones fiables.

De hecho, 18 de esos trabajos reúnen más de 100.000 casos y otros 8 reúnen más de 50.000. El grupo más numeroso se sitúa entre los 4.000 y 14.999 casos.

La garantía, una familia estable

Lo primero que tiene en cuenta con especial cuidado Fernando Pliego en su estudio comparativo de la familia tradicional con otros tipos de convivencia es la definición exacta del objeto de investigación cuando habla de familia: “un hombre y una mujer casados en primeras nupcias y con hijos propios viviendo en el hogar”.

En base a las conclusiones, en su informe destaca las ventajas y garantías de mayor bienestar que proporciona una familia estable. Los datos son contundentes para cada uno de los indicadores establecidos sin ninguna excepción.

“Desde la felicidad subjetiva que se sitúa prácticamente en el 70%, a la salud sexual y reproductiva, o la vivienda, con resultados que casi llegan al 100%, podemos observar que las ventajas de la familia clásica son abrumadoras”, dice el INCAS.

En definitiva, los matrimonios estables consiguen un mayor bienestar en esa relación del 84,7% contra el 2,1% de la que hablábamos al inicio de esta información.

Tiempo en Familia El resultado de todo ello es que “los hijos tienen una mejor disposición social y cultural para conseguir una inserción positiva en la sociedad y formar a su vez matrimonios estables”. En la medida que esta función se rompe y su proporción en el seno de una sociedad disminuye, como sucede en Occidente, la sociedad tendrá cada vez más dificultades para obtener buenos niveles de bienestar y prosperidad.

Además, “puede afirmarse con rotundidad que en la familia clásica se produce menos violencia familiar contra mujeres, contra los hijos, que todos los indicadores de salud son mejores, que los ingresos son más elevados y el empleo más frecuente y estable, que las condiciones de la vivienda son más favorables”, añade el estudio del INCAS.

En contraste con este modelo de familia, “los otros tipos presentan una extraordinaria dificultad para procurar el bienestar a sus miembros”. Como subrayaba Francis Fukuyama en su trabajo La Gran Ruptura (Ediciones B. 2000), “determinados aspectos, como la tasa de divorcialidad, o los hijos nacidos fuera del matrimonio han tenido una influencia en la evolución negativa de la economía en Estados Unidos y en diversos países de Europa Occidental”.

Indicadores de bienestar

Para llegar a esas conclusiones, el estudio indaga sobre la relación que existe entre el modelo de familia definido y una serie de indicadores de bienestar. Así analiza la educación en términos de rendimiento y nivel educativo, considerando diversas variables: repetición de curso, abandono escolar, habilidades en matemáticas, ciencias y lenguas o logros académicos.

Un segundo epígrafe responde a la seguridad física, aquella que afecta a los componentes de una familia en una doble dimensión, la intrafamiliar (violencia entre sus componentes: física, abusos sexuales contra menores, violencia emocional) y las de carácter externo (robos, daños en la propiedad ajena, homicidios, suicidios o comportamientos agresivos en las escuelas).

Un tercer indicador es el de la relación entre padres e hijos, que incluye la cohesión familiar, la disponibilidad de tiempo para convivir, la participación de los padres en las actividades escolares, también a la inversa, el apoyo a los padres cuando estos son ancianos y los conflictos entre hermanos, entre otras cuestiones.

También se examina el funcionamiento de la pareja, como se organizan los ingresos y los gastos, las actitudes de control, los divorcios y separaciones, los conflictos, la vida sexual en términos de calidad y frecuencia, la fidelidad o las diversiones comunes.

La salud sexual y reproductiva es así mismo considerada, y básicamente contempla dos componentes, los embarazos en las mujeres adolescentes y las enfermedades de transmisión sexual. En el plano más general de la salud se consideran otros factores, como la depresión, el bajo rendimiento, la discapacidad intelectual, la ansiedad, el estrés, la hiperactividad, la anorexia y la bulimia, entre otros factores.

Otro tipo de medida utilizada es el del bienestar subjetivo, es decir lo que se declara en términos de satisfacción de la vida propia y familiar, de felicidad percibida o manifestada respecto a temas como la economía familiar, el matrimonio, su vida sexual o social y los logros alcanzados, así como la situación laboral o el acceso a una vivienda digna.

Los componentes de la ecuación áurea – matrimonio estable

El INCAS introduce en su estudio el concepto de ‘ecuación áurea’ para definir el modelo de familia que consigue para la sociedad una mayor riqueza, “la que favorece decisivamente el crecimiento económico a largo plazo, la productividad, el capital humano, y el capital social, así como una mejor cohesión social y gobernanza”.

Antes de definir los elementos que determinan esa ecuación áurea, el INCAS recuerda que la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas en su artículo 16.3 establece que “la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad, y del Estado”. En ese sentido, la mayoría de países desarrollados tienen vigorosas políticas familiares, a excepción de España.

Por el contrario, los países que han fomentado más un tipo de convivencia diferente, que da lugar a una sociedad desvinculada, han iniciado al mismo tiempo “su quiebra, su colapso”, afirma el INCAS.

Tenemos así que el matrimonio estable y con hijos es el que garantiza un mayor bienestar gracias a esa ecuación áurea que, a su vez, viene determinada por los siguientes componentes:

  1. El matrimonio estable, como mínimo hasta el fin del periodo educativo del último hijo, con un óptimo situado en la muerte de uno de los dos cónyuges para maximizar el periodo de asistencia mutua.
  2. La descendencia, con un promedio de 2,2 hijos por pareja.
  3. La capacidad educadora de los padres, que depende en una medida decisiva del punto primero, y del tiempo de dedicación a los hijos, y el sistema de valores y virtudes compartidos que se concretan en normas y prácticas de convivencia.

También, pero en un segundo término, incide la renta familiar, sobre todo en términos negativos cuando genera pobreza infantil, el capital cultural localizado en la familia, y la residencia estable.

  1. El capital social, un factor decisivo que además de los componentes descritos se configura en función de la dimensión y calidad de la red de parentesco y su acceso a ella.
  2. El sentido dinástico, en términos de solidaridad intergeneracional, es decir la capacidad de vivir proyectando en el tiempo el vínculo de parentesco pensando en el bien de las generaciones futuras.

Todo esto es muy decisivo, y el hecho de que no posea un valor monetario porque no se rige por el mercado ha enmascarado su gran efecto económico. Es una de las grandes deformaciones de la perspectiva económica liberal, asegura el INCAS.

Así, “una sociedad tenderá a la prosperidad y al bienestar en la medida que el número relativo de personas que cumplan la ecuación áurea sea muy mayoritario y culturalmente hegemónico”, concluye el estudio.

 

Fuente: Forum Libretas

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