El buen samaritano en los tiempos del COVID-19

102
samaritano

Una de las parábolas de mayor contenido social es la del “Buen Samaritano” (Lc. 10, 25-37), en donde un hombre que ha sido víctima de la delincuencia y del desprecio de la representación de dos personajes clave en su época, recibe el apoyo humanitario de quien menos se podría imaginar.

Lo más profundo de ese pasaje del Evangelio, es que nos recuerda que el samaritano curó él mismo las heridas de ese hombre, lo llevó a una posada, e incluso, lo cuidó esa misma noche y le deja claro al responsable del lugar que si había más gastos, él los cubriría.

Hoy, en estos tiempos que estamos viviendo de la era del Covid-19, somos llamados de manera muy particular a la ayuda incondicional de nuestros semejantes. En ese sentido, la Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda la importancia de la caridad y la justicia laboral.

Según cifras oficiales proporcionadas por el INEGI y el IMSS, en México se han perdido aproximadamente más de un millón de empleos formales y se calcula que una cifra un poco superior de empleos informales.

Estamos hablando que miles de familias se están quedando sin ingresos, y eso tiene repercusiones no sólo en el estilo de vida de las personas, sino en la misma vida de la comunidad. En un país donde actualmente el 80% de la población vive en zonas urbanas y el 20% en el campo, la situación merece una atención particular, pues las oportunidades de subsistencia se agudizan, sumando además otros problemas como la inseguridad o la violencia.

El Papa Benedicto XVI en la encíclica Caritas in Veritate, en su numeral 25 recuerda a los gobernantes que el primer capital que se debe salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad.

Ante este panorama, hemos sido testigos de la aparición de buenos samaritanos durante esta pandemia. Esa es una excelente noticia, tomando en cuenta que sabemos que la dinámica del egoísmo cada día está más presente en el estilo de vida de la humanidad.

Existen iniciativas donde se está tomando en cuenta que lo importante es la dignidad de la persona humana, ver el rostro de Cristo en el que está sufriendo y se entrega un reconocimiento moral al que, por medio del trabajo, se está santificando.

Vemos cómo empresarios, religiosos, funcionarios públicos y la sociedad en general están trabajando de la mano para dar un respiro a la situación de la población que en estos momentos está sufriendo; vienen momentos más difíciles, debemos prepararnos sin olvidar la esperanza, pues las obras de misericordia deben seguir abundando; ese debe ser el espíritu principal.

Hay también esfuerzos que deben ser tomados en cuenta, dinámicas de economía solidaria que hace unos meses hubiéramos pensado agotadas en el siglo XXI. Desde el tradicional “trueque”, ese intercambio de mercancía sin un precio monetario, hasta la enseñanza gratuita por la vía digital.

El Papa Francisco, durante su pontificado, ha sido claro y eso debemos de retomarlo: el individualismo posmoderno y el “dios dinero” quieren adueñarse de la humanidad, pero debemos de recordar que los bienes deben servir al bien común y la caridad, como ese extraordinario acto de amor, deben de prevalecer, no podemos darnos el lujo de “tirar la toalla”.

Ese es el reto de esta generación que tiene elementos y herramientas particulares. Tal vez a veces percibimos que hemos perdido el rumbo como sociedad, pero no es así, hay algo superior que nos acompaña y respalda, es la gran lección que Jesús nos dio con su nuevo mandamiento del amor; “que nos amemos los unos a los otros como Él nos ama”.  

Es el momento de ser los “buenos samaritanos” de estos tiempos del Covid-19.

El Mtro. Guillermo Torres Quiroz es director de la Red de Comunicadores (REC) y analista político.

Fuente: Desde La Fe

No hay comentarios