Dios y la Materia Gris

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Por: Carmelina Perea

 

¿Es posible conciliar el pensamiento científico y el conocimiento humano, con  Dios? Hace unos días un reconocido astrónomo participó en un programa de radio.  Entre cuestionamientos del público  sobre lo que se entiende por un hoyo negro y lo que sucedería, si la tierra parara por un segundo de rotar sobre su eje, alguien  preguntó al experto: ¿Por qué los hombres de ciencia no creen en Dios? La conductora abundó brevemente sobre el tema, planteó si era requisito para ser un buen científico, el hacer a un lado la Fe y finalmente le preguntó a bocajarro ¿Tú crees en Dios?…

Por: Carmelina Perea

 

¿Es posible conciliar el pensamiento científico y el conocimiento humano, con  Dios? Hace unos días un reconocido astrónomo participó en un programa de radio.  Entre cuestionamientos del público  sobre lo que se entiende por un hoyo negro y lo que sucedería, si la tierra parara por un segundo de rotar sobre su eje, alguien  preguntó al experto: ¿Por qué los hombres de ciencia no creen en Dios? La conductora abundó brevemente sobre el tema, planteó si era requisito para ser un buen científico, el hacer a un lado la Fe y finalmente le preguntó a bocajarro ¿Tú crees en Dios? El  hombre que hasta ese momento había disertado sobre los astros con naturalidad y elocuencia, comenzó a tartamudear y titubeante habló de su crianza en el seno de una familia católica. La conductora insistió: No me interesa tu familia…- bueno-, continuó el experto- yo fui a escuela religiosa…- La locutora, dueña de su ofició, no vaciló en presionar: – Tú  hoy en día  ¿crees en Dios?-  Puesto contra las cuerdas el especialista alcanzó a articular una respuesta, que parecía más bien una disculpa: -Bueno… como hombre de ciencia debo explicarme las cosas a la luz de la razón y el conocimiento científico… aunque en momentos de aprieto uno tiende a creer en un ser supremo… pero en suma: ¡no sé si creo en Dios!-¿Por qué impera esta aparente incompatibilidad entre la inteligencia y la Fe? Las personas, cultas y preparadas no deberían dejar de ser percibidas como tales, por aceptar públicamente que se relacionan con Dios, resulta difícil mantener la credibilidad un vez que se confiesan las creencias. Hoy en día profesar la Fe no debería ser sinónimo de ignorancia, sino de formación integral.

 

Ahora que está de moda  el pensamiento holístico (del griego holos, que significatodo),  planteado originalmente por Aristóteles, y que busca el reconocimiento de la totalidad y la complejidad de un sistema, cabría reconocer, los diferentes elementos que conforman a un intelectual o a un hombre de ciencia. Así como la medicina empieza a   tomar en cuenta aspectos emocionales y sociales de los pacientes, para explicarse, curar y prevenir mejor  las dolencias, habría que reconocer que el hombre no puede prescindir de su espiritualidad, como si se quitara las piernas y las colgara en la pared, mientras resuelve una ecuación matemática. El ser humano debe llevar consigo, la totalidad de aquello que lo conforma

De tal modo, el hombre que busca  la felicidad, haría bien en reconocerse, como un ser completo que armoniza las  partes que le constituyen: un cuerpo  que  alimentar sanamente, ejercitar e  incluso embellecer; Una mente, con capacidad de expansión, una psique que preservar saludable; y finalmente aceptar  que también está constituido por aquello que lo hace humano: su espíritu, lo que es realmente su esencia, lo que algunos llaman alma, que no es otra cosa que la natural conexión que el ser humano mantiene con Dios.

Es hora de reconocer que una persona inteligente e ilustrada es alguien completo, que se interesa tanto por lo humano, como  lo divino, que estudia e intenta explicar lo que le rodea, pero sin perder su capacidad de asombro, como dijo Albert Einstein “Mientras más me adentro en la ciencia, más admiro a Dios”. Es momento de apreciar a la sabiduría no meramente como conocimiento, sino  como  la capacidad de armonizar la vida, a un nivel más profundo, que rebasa, el quehacer humano y nos invita a buscar todos los días, la mejor versión de nosotros mismos y nuestra relación con el entorno.

Ojalá nuestra sociedad deje a un lado los prejuicios sobre la religión y ensanche su entendimiento,   pues no deja de ser lamentable, que una persona que dedica su vida a observar el cielo, ¡No pueda ver a Dios!

 

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