5 milagros eucarísticos que tal vez desconocías

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  1. Milagro de la Sangre en Fiecht, Austria

Cierto día, uno de los monjes que habitaban el antiguo monasterio de San Georgberg en 1310 celebraba la liturgia como en cualquier otra ocasión, cuando de pronto, habiendo consagrado el vino, le surgió una duda que cuestionó su fe, llegándose a preguntar si en verdad la Sangre de Cristo era aquello que realmente estaba presente en el cáliz en ese preciso momento.

El abad de nombre Rupert, junto con los demás monjes, se hallaban todos en el coro del lugar de la celebración, cuando vieron cómo todos los fieles presentes en la Misa se acercaron de manera agitada hacia el altar, pues algo extraordinario había pasado.

La Sangre de Cristo que aún conservaba las propiedades sensibles del vino adopto las de la sangre humana al momento en que el sacerdote bebía del cáliz. La Sangre comenzó a hervir hasta el punto de derramarse del cáliz sobre el altar. Finalmente, el abad Rupert vació el resto de la Sangre en un contenedor que fue depositado inmediatamente en el tabernáculo del altar principal.

Los próximos días un creciente número de fieles iba para adorar la Sangre que había quedado resguardada en el templo. El impacto y las visitas crecieron a tal grado que en 1472 el Obispo Georg von Brixen mandó a un grupo de sacerdotes a estudiar el fenómeno, de los cuales se identifican los nombres de Johannes Lösch, Sigmund Thaur y Kaspar de Absam.

Luego de las debidas investigaciones el milagro fue declarado auténtico, y se presume que incluso fue de gran importancia para el abad Michael Geisser en varias exitosas predicaciones para que los creyentes no dudaran de su fe, cuando las reformas luteranas estaban queriendo atentar contra el credo católico en Tirol, Austria cerca de 1593. Sin duda este milagro ha sido considerado un regalo de Dios para los fieles devotos a su Santísima Sangre.

  1. Hostia transformada en carne sangrante en Middleburg-Lovaina, Bélgica

En Middleburg, en torno al año de 1374, vivía una mujer de clase alta que era muy conocida por su fe. Incluso apoyaba a muchos de sus familiares y amigos para que pudieran creer más en las enseñanzas cristianas. Un día en su casa se había organizado una reunión para la práctica de la penitencia, antes de que llegara la Pascua.

Uno de los nuevos trabajadores de dicha casa, llamado Jean, fue invitado a asistir a la celebración de la Misa después de la reunión de la penitencia. Jean no era lo que podríamos llamar un creyente, pero a pesar de ello no se negó a asistir movido por la curiosidad. Toda la celebración mantenía una actitud indiferente a los ritos, y cuando todos pasaron a comulgar el también decidió ir, obviamente sin guardar el debido respeto.

Entonces Jean recibió en su boca la hostia y segundos después se convirtió en un pedazo de carne que sangraba, por lo cual se lo retiró de la boca. El sacerdote emocionado corrió por un recipiente para depositar la hostia milagrosa. Todas las autoridades religiosas de la región fueron notificadas de lo sucedido y días más tarde el Arzobispo autorizó el culto.

Se dice que tan pronto como se efectuó el milagro, Jean confesó sus pecados delante de la multitud, se arrepintió por no haber creído, y comenzó una nueva vida llena de fe y buenas acciones hasta el último de sus días, llegando a tener una gran devoción por la Eucaristía y promoviéndola a los demás.

Hoy en día pueden encontrarse muchas investigaciones sobre este hecho ocurrido en Bélgica. Jon Wils, quien fuera uno de los docentes de la Universidad Católica de Lovaina, publicó cerca de 1905 una monografía que lleva por tituló “Le Sacrement du Miracle du Lovain” (El Sacramento del Milagro de Lovaina).

  1. Hostias intactas en Siena, Italia

Una memoria de un hombre de apellido Macchi, que data de 1730, relata que el 14 de agosto de ese mismo año, unos ladrones entraron sigilosamente en la Iglesia de San Francisco en Siena para robar un contenedor con 351 hostias consagradas.

La multitud que frecuentaba dicho lugar comenzó a preguntarse que había sido de ellas. Pasaron 3 días y el 17 de agosto fueron encontradas las 351 hostias entre polvo, dentro de la caja de limosnas del Santuario de Santa María en Povegnano.

La gente regresó en procesión con gran gozo las hostias a la parroquia de San Francisco, y a pesar del paso de los años no han sufrido ninguna alteración. El papa San Pío X autorizó en 1914 a un conjunto de investigadores, examinar las partículas.

Entre ellos se encontraba el famoso Siro Grimaldi. Los estudios concluyeron que las hostias estaban más conservadas que incluso el vidrio del contenedor donde habían sido depositadas. Se volvieron a realizar estudios sobre las hostias en 1922, 1950 y 1951; los resultados no fueron distintos. El Papa San Juan Pablo II las visitó en 1980 y expresó “Es la presencia”.

  1. Hostia incorrupta de Onil, España

El 15 de noviembre de 1824, un sujeto identificado como Nicolás Bernabéu, quien de niño había sido monaguillo de la Iglesia de Onil en España, robó una custodia de dicho templo junto con otros objetos litúrgicos, pero dicha custodia contenía el Santísimo Sacramento.

La noticia no tardó mucho en difundirse por toda la región de Onil. Y tan pronto como Nicolás decidió vender aquellos objetos litúrgicos, uno de los negociantes que sabía del robo tan difundido, sospechó de él y avisó a las autoridades.

Como era de esperarse Nicolás Bernabéu fue arrestado, mas no quiso revelar dónde había ocultado la custodia con la hostia. Pasaron 10 días y una mujer de nombre Teresa Carbonel encontró la hostia en una zona llamada “La Pedrera”, y la regresó a Onil tan pronto como pudo.

Así como en el caso de Siena, esta hostia se mantiene intacta hasta el día de hoy. Además el 28 de noviembre de 1943, Don Guillermo Hijarrubia, delegado del Arzobispo de Valencia, había confirmado ya la autenticidad del Milagro, el cual tiene su celebración cada año en Onil.

  1. Milagro Eucarístico de Tumaco, Colombia

El 31 de enero de 1906, cerca de Tumaco, en Colombia, se sintió un gran maremoto que sacudió buena parte del territorio cercano a esta isla. Sin embargo, te sorprenderá saber que la Isla de Tumaco permaneció con total estabilidad.

El maremoto duró más o menos unos 10 minutos. La gente alarmada en Tumaco corrió a pedir auxilio del párroco Gerardo Larrondo, que organizó junto con su compañero de nombre Julián una procesión con el Santísimo Sacramento hasta llegar a la playa.

La ola más grande del maremoto estaba a punto de alcanzar la Isla. El P. Larrondo llegó junto con la feligresía al encuentro con la ola, pero él y el P. Julián mantenían puesta su mirada en los fieles en todo momento. Y cuando la ola estuvo a punto de tocar territorio de la isla, todo se silenció.

Los sacerdotes miraron en las personas una gran actitud de alivio y alegría mientras gritaban “¡Milagro, Milagro!”. La ola misteriosamente había detenido su impacto y simplemente descendió hasta diluirse en el mar.

Toda la gente quedó atónita y se sintió plenamente fortalecida por Dios que estaba acompañando al pueblo en la Eucaristía. Los asistentes se llenaron de llanto y hacían muchísimas aclamaciones alabando al Señor por el gran gesto de amor que les había tenido en ese trago amargo de angustia.

Como verás las circunstancias en las que se dieron estos milagros son distintas en modo, tiempo y lugar. No obstante, todas tienen algo valioso que decirnos en cuanto a mantener firmes las esperanzas en Dios que se hace verdaderamente presente en su Iglesia y la acoge de distintas maneras.

Si no lo habías pensado antes, te invito a que tomes en cuenta que en la Eucaristía quedas unido de manera muy cercana a Cristo. Te verás más implicado en la celebración eucarística en tanto no olvides que como Iglesia conformamos el Cuerpo Místico de Cristo, y esto de verdad resulta mucho menos metafórico de lo que piensas. En la liturgia eucarística la Iglesia como Cuerpo de Cristo se ofrece a sí misma también en los dones del Pan y del Vino:

“Oren hermanos para que este sacrificio mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre Todopoderoso”. El sacerdote que celebra dice estas palabras en representación de Cristo como Cabeza de la Iglesia, a lo cual la Iglesia responde como su Cuerpo.

Por lo tanto, además de tu devoción y adoración hacia el Santísimo Sacramento, siempre sé consciente que lo realmente importante es el compromiso que adquieres al haberlo celebrado, vivido y recibido en la Misa. Siendo parte de la Iglesia, estás llamado a ser también imagen de Cristo.

Tus acciones en conexión con tu fe son las que al final dan un testimonio coherente y significativo de que Dios acompaña con un amor incondicional a quienes se dejan inundar libremente por su presencia en la Eucaristía. “

Catoliscopio

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