12 ideas para olvidar un mal día

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Olvidar un mal día

Después de un día complicado, durante la pausa para comer o incluso por la mañana al despertarte, cualquier momento es bueno para probar estos trucos y disfrutar de unas buenas vibraciones. Cualquiera que sea la razón, la cuestión es evadirse, dejar de pensar durante unos minutos (o más) en lo que nos preocupa. En vez de rumiar y darle vueltas a la cabeza, escribe en un diario de gratitud, sal a correr al campo, sumérgete en una novela o prepara un buen pastel. Estos son algunos de los consejos para desconectar, ahuyentar las nubes ¡y sonreír a la vida!

Escribir en un diario para dar gracias

Mantener un diario de gratitud permite recordar los momentos en que te sentiste afortunado y agradecido, algo que ayuda a vivir mejor. Dar gracias significa reconocer en Dios el origen de todo lo bueno, nos da ligereza en la vida. Por supuesto, los momentos difíciles no desaparecerán, pero te darás cuenta de que incluso en las épocas difíciles hay momentos de alegría. Por ejemplo, tu hijo te ha ayudado a poner la mesa o tu esposo te dio ánimos antes de una reunión difícil. ¡Deo gratias!

Hacer deporte

Seas o no aficionado, el deporte es una buena válvula de escape. Una forma de desahogarse, de pensar en otra cosa. El deporte también tiene la ventaja de que libera endorfinas, unas hormonas que aportan sensación de placer. Después de correr, de nadar en la piscina, de jugar al tenis o de hacer cualquier ejercicio, sentirás también menos tensión.

Sumergirse en un buen libro

Cuando lees un libro, aprovechas la oportunidad para evadirte, para centrar tu atención en una historia diferente a la tuya. Nos permite también relativizar nuestras circunstancias. Después de algunas páginas, podemos pensar que en realidad no es tan grave…

Hacer buenas obras

No se trata sólo de enviar un cheque a una organización benéfica, sino también de encender todos los días pequeñas chispas de bondad: dar las gracias a una vendedora mirándola con una sonrisa y con atención, ayudando a una persona discapacitada a subirse al autobús, cediendo el paso a una madre con su bebé llorando… Unas cuantas acciones de este tipo al día, ¡y ya tienes una bonita receta para la felicidad!

Rezar

Hazte un regalo: reserva algunos ratos para rezar. ¿Por qué no con una aplicación de meditación cristiana? Deja el resto a un lado, especialmente las preocupaciones. Cierra los ojos y, entonces, verás Su mirada. Mira bien, estás con Él…

Dar un paseo y conectar con la naturaleza

Atrapados en el torbellino de la vida, a menudo nos olvidamos de tomarnos un descanso en la naturaleza. En una vida diaria hiperconectada, el regreso a las raíces y la simplicidad nos salva la vida. Pasea por el bosque, al borde del agua, respira profundamente, escucha los elementos y olvídate de lo demás durante un rato.

Disfrutar (de verdad)

Date el capricho de una joya, de un vestido bonito o de un ramo de flores, cualquier pretexto es bueno para darnos un poco de placer. Cuida de ti mismo ofreciéndote de vez en cuando un pequeño capricho que te devuelva la sonrisa. Cuidado de no abusar, corres el riesgo de perder los efectos positivos si lo conviertes en un hábito…

Prepara un buen pastel

Al mantener ocupadas las manos y la mente, piensas en otra cosa. También es un placer contemplar el fruto de tu trabajo y, por supuesto, saborearlo. Escoge una receta nueva, no demasiado complicada, para una pequeña evasión.

Volver con los niños

Los niños tienen una inocencia que a veces conviene reencontrar. Actuar ignorando los prejuicios sin preocuparse por la mirada de los demás es una promesa de placeres simples. Comienza con una sesión de cosquillas, construye una cabaña o túmbate en el suelo para redescubrir tu alma de niño.

Escuchar tus canciones favoritas

La música tiene el don de transportarnos a otra parte. En el coche, con los auriculares o con los altavoces de casa, elige canciones que sean cautivadoras y entretenidas, para no caer en la melancolía de la música suave.

Echarse una siesta para olvidar

A veces algunas penas son demasiado difíciles de ocultar. ¿Y sabías que las lágrimas provocan también cansancio, por cuestiones físicas y hormonales? Por lo tanto, quizás sea momento de cerrar los ojos y dejarse llevar por el sueño. Un tiempo de descanso sienta bien a todo el mundo…

Sembrar optimismo en los demás

Ayudar y alegrar a los demás es una forma de crear optimismo también en nosotros. Incluso si el día ha sido duro, una pequeña atención a alguien puede hacerte sentir un poco mejor. La felicidad de los demás a menudo es contagiosa. Una gran sonrisa, unas gracias risueñas, son un buen bálsamo para el corazón.

Aleteia

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